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Relatos

Hallar un Hogar en el Evangelio
Me crié en Perth, Australia, y la religión para mí quedó en manos del destino. Fui bautizada como metodista, asistí a escuelas religiosas, y acudí esporádicamente a una congregación bautista...

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Me crié en Perth, Australia, y la religión para mí quedó en manos del destino.

Fui bautizada como metodista, asistí a escuelas religiosas, y acudí esporádicamente a una congregación bautista con mi abuela. A pesar de la disparidad espiritual, la oración me resultaba algo natural gracias a mi abuela, que había compartido su fe conmigo y me había enseñado a leer la Biblia.


Estoy agradecida por su influencia constante en mi vida ya que, a pesar de mi interés por lo mundano, por intuición, comencé a cultivar la creencia en Jesucristo. Al mirar atrás, me doy cuenta de que el Padre Celestial me estaba preparando para aceptar el Evangelio restaurado e incorporarlo en mi vida.


Uno de esos acontecimientos preparatorios ocurrió cuando tuve un accidente automovilístico mientras me encontraba de visita en Francia.

Unos instantes después de haber tenido la fuerte impresión de que debía colocarme el cinturón de seguridad, el vehículo derrapó y cayó por una pendiente de 6 metros de profundidad. Debido a la voz de advertencia y a que logré recuperar la movilidad de los pies y las piernas, mientras que otras personas que sufren lesiones similares muchas veces quedan paralizadas de manera permanente, comencé a comprender que un poder divino mucho mayor que yo estaba en control.


Dos años más tarde, cuando regresé a Francia en calidad de estudiante de intercambio, Kayla Barth, una compañera de estudios de California, me invitó con entusiasmo a asistir a la iglesia con ella.


El entusiasmo sin límites que Kayla sentía por el Evangelio me fascinaba. Escuché ávidamente cada una de sus
palabras mientras compartía el plan de salvación. Todo me sonaba muy familiar, como si ya lo hubiera escuchado
antes.


Cuando entré en la capilla de Angulema por primera vez, fue como si me hubiera envuelto con una cálida manta. Había llegado a “casa”. Ese mismo día, en la clase de Principios del Evangelio, el misionero que estaba enseñando compartió un poderoso testimonio acerca de la Primera Visión.


Mientras explicaba la forma en que nos testifica el Espíritu Santo, sentía una calidez en el corazón que irradiaba todo mi cuerpo. Este poderoso testimonio me dejó una impresión indeleble, la cual me ha acompañado a través de las tribulaciones que han puesto a prueba mi fe.


Más o menos un mes después de la primera vez que entré en la capilla de Angulema, decidí bautizarme; tenía 18 años y no necesitaba el permiso de mis padres; pero cuando llamé a mi familia en Australia para contarles las felices noticias, me quedé asombrada y decepcionada al descubrir que tenían una actitud negativa acerca de la Iglesia y que se oponían a mi deseo de bautizarme.


Eso me pesó enormemente en el corazón. ¿Debía seguir adelante contra los deseos de mi familia, a la que amaba profundamente?, ¿o debería retrasar el bautismo hasta que regresara a Australia, donde me exponía a afrontar una oposición aún mayor?


Mateo 19:29 me ayudó a tomar la decisión:

Y todo el que haya dejado
casas, o hermanos, o hermanas, o
padre, o madre, o esposa, o hijos o
tierras, por mi nombre recibirá cien
veces más y heredará la vida eterna
”.


¿Estaba dispuesta a poner al Salvador en primer lugar, incluso antes de mi familia? La respuesta era que sí, y el 16 de diciembre de 1989 fui bautizada y confirmada como miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. El tiempo que aún debía pasar en Francia estuvo lleno de un gozo apacible como nunca antes había experimentado.


Cuando regresé a Perth, mi familia me recibió con los brazos abiertos, pero mis intentos de compartir el Evangelio con ellos se toparon con rígida oposición. Incluso hicieron arreglos para que fuera a ver a “expertos” religiosos que podrían “iluminarme” y ayudarme a ver el “error” del camino que había decidido seguir. Eso fue una gran prueba de fe para í, y tras una avalancha de propaganda antimormona, me encontré dudando mi decisión.

No obstante, en los rincones más íntimos de mi corazón, no podía negar que lo que había experimentado en Francia venía de Dios, así que recurrí al Espíritu del Señor para que me fortaleciera. Ayuné y oré todos los domingos durante semanas, me sumergí en las Escrituras, recibí bendiciones del sacerdocio para obtener guía y fortaleza, y asistí a la Iglesia todas las semanas para relacionarme con los santos.

En vez de concentrarme en lo que no podía comprender o en lo que no sabía, me concentré en las cosas que sí sabía: Soy una hija de Dios, Jesús es el Cristo, José Smith restauró la Iglesia del Señor, el Libro de Mormón y la Biblia son la palabra de Dios, y las familias son eternas. Con esta nueva perspectiva, mi testimonio comenzó a crecer y a fortalecerse de nuevo.


El último desafío que tuve que afrontar aquel año fue el asunto de casarme en el templo sin contar con la presencia de mi familia. Un joven que había conocido en Francia y con quien había estado escribiéndome fue desde
California para visitarme durante tres semanas.


Ambos llegamos a la conclusión de que queríamos casarnos, pero yo tenía que hacer frente a otra difícil decisión: ¿Me caso en el templo para sellarme por el tiempo y por toda la eternidad, o me caso en otro lugar para que mi familia pueda formar parte de la ceremonia?


Seguí el consejo de mi presidente de estaca y me casé en el templo en febrero de 1991. En aquel entonces, mi familia se sintió profundamente dolida, pero ahora han llegado a reconocer que la Iglesia es una bendición en mi vida. Al ver a nuestros hijos crecer en el Evangelio, han expresado gratitud por las cosas que les estamos enseñando y la clase de personas que están llegando a ser.


Hace poco, una de mis hijas expresó gratitud por la decisión que tomé de aceptar el Evangelio y formar una familia en el Señor. Su sinceridad hizo que me emocionara porque me di cuenta de que la decisión de vivir el Evangelio no sólo había bendecido mi vida, sino también la de ella.


Estoy eternamente agradecida al Padre Celestial por los milagros y los ángeles terrenales que me llevaron al hogar: el evangelio de Jesucristo. Después de veinte años me doy cuenta de que las pruebas, el dolor y el riesgo de ofender a mi familia valió la pena. El Evangelio lo es todo para mí, es verdadero, es mi hogar.

 

Liahona Julio 2010

 
¿Demasiado santo? PDF Imprimir E-mail

Ian Caloobanan cambió cuando se unió a la Iglesia. Sus amigos se percataron de ello.

P o r R . Va l J ohnson
Revistas de la Iglesia

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Me aguardaba algo hermoso PDF Imprimir E-mail

Me aguardaba algo hermoso

 

Por Lia McClanahan

¿Hay alguna persona todavía
despierta? La primera vez
que hice la pregunta, había
recibido el susurro de dos respuestas
afirmativas. Horas más tarde, el silencio
me confirmó que yo era la única
persona de la habitación que seguía
sin poder dormir.
Era la primera noche que pasaba
en el Centro de Capacitación
Misional (CCM). Aquel día, me
había despedido de mis padres,
había conocido a mi compañera y
a los otros nuevos misioneros que
servirían en Italia, y había asistido a
la primera ronda de clases. Estaba
agotada, pero mi mente no dejaba
de dar vueltas por la ansiedad. “¿En
qué lío me he metido?”, me preguntaba
una y otra vez. No sabía si
sería capaz de aprender a ser una
misionera. ¿Tendría el valor para
viajar a un país extranjero y hablar
del Evangelio a desconocidos? Quizá
no debía estar en ese lugar. Las
lágrimas me empezaron a rodar por
las mejillas.
Entonces recordé algo que mi
madre me había dicho acerca de su
hermano Larry. El tío Larry sirvió
una misión en Uruguay y Paraguay
en los años setenta. Al principio,
había pasado varias noches en
vela, ya que se preocupaba
por sus ineficiencias. Cuando
sentía que no podía
aguantar más, se levantaba
de la cama, se dirigía al
cuarto de baño y se arrodillaba
para suplicarle al Padre Celestial
que le diera paz. De alguna
manera, con la ayuda del Señor, el
tío Larry salió adelante y sirvió
una misión fiel.
Este pensamiento me dio cierta
esperanza y me dirigí lentamente
por el pasillo hasta el cuarto de
baño. En medio de la tenue luz, me
arrodillé sobre el frío suelo de azulejos
y me puse a sollozar. Le supliqué
al Padre Celestial que me concediera
un sentimiento de paz a fin de tener
el valor para seguir adelante.
Esperé, pero no sucedió nada;
esperé un poco más, escuchando
solamente el sonido de mis sollozos.
Al final, no había nada más que hacer
que volverme a acostar.
En el momento en que estaba por
quedarme dormida, llegó la respuesta.
El Espíritu me llenó la mente de
una impresión brillante y cálida de un
lugar hermoso. De repente, tuve la
certeza de que aunque quizá tuviera
dificultades y temores al principio, si
seguía adelante, conseguiría llegar a
donde el Señor quería que fuera. Este
pensamiento me llenó de paz y me
quedé dormida.
El Espíritu me había indicado que
me aguardaba algo hermoso. En los
momentos difíciles de mi estadía por
el CCM, cerraba los ojos y recordaba
lo que había sentido. Mediante la
oración y el trabajo duro, superé mis
temores.
Al poco tiempo llegué a Génova,
Italia, con mi nueva compañera. En la
cocina de nuestro apartamento había
una puerta de cristal que daba acceso
a un balcón. Desde allí, me puse a
contemplar la ciudad, que ya conocía
y amaba. Era el lugar que había
visto en mi mente aquella noche en
el CCM. Supe que el Señor me había
guiado hasta ese momento, y que me
encontraba en el lugar donde debía
estar.

 
Tu eliges como vivir la vida PDF Imprimir E-mail
Pepe era el tipo de persona que te encantaría ser. Siempre estaba de buen humor y siempre tenia algo positivo que decir. Cuando alguien le preguntaba como le iba, el respondía: "Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo" Era un Gerente único porque tenía varias meseras que lo habían seguido de restaurante en restaurante. La razón por la que las meseras seguían a Pepe era por Su actitud. Él era un motivador natural: Si un empleado tenía un mal Día, Pepe estaba ahí para decirle al empleado como ver el lado positivo de la situación.

Ver este estilo realmente me causó curiosidad, así que un día fui a buscar a Pepe y le pregunte: No lo entiendo... no es posible ser una persona positiva todo el tiempo ¿Cómo lo haces?... Pepe respondió: "Cada mañana me despierto y me digo a mi mismo, Pepe, tienes dos opciones hoy: Puedes escoger estar de buen humor o puedes escoger estar de mal humor. Escojo estar de buen humor". "Cada vez que sucede algo malo, puedo escoger entre ser una víctima o aprender de ello. Escojo aprender de ello" "Cada vez que alguien viene a mí para quejarse, puedo aceptar su queja o puedo señalarle el lado positivo de la vida. Escojo el lado positivo de la vida". Si, claro, pero no es tan fácil, proteste. "Si lo es", dijo Pepe. "Todo en la vida es acerca de elecciones. Cuando quitas todo lo demás, cada situación es una elección". "Tu eliges como reaccionas ante cada situación, tu eliges como la gente afectará tu estado de ánimo, tu eliges estar de buen humor o de mal humor". "En resumen, TU ELIGES COMO VIVIR LA VIDA".

Reflexioné en lo que Pepe me dijo... Poco tiempo después, deje la industria hotelera para iniciar mi propio negocio. Perdimos contacto, pero con frecuencia pensaba en Pepe, cuando tenía que hacer una elección en la vida en vez de reaccionar contra ella. Varios años más tarde, me enteré que Pepe hizo algo que nunca debe hacerse en un negocio de restaurante, dejo la puerta de atrás abierta y una mañana fue asaltado por tres ladrones armados. Mientras trataba de abrir la caja fuerte, su mano temblando por el nerviosismo, resbalo de la combinación. Los asaltantes sintieron pánico y le dispararon. Con mucha suerte, Pepe fue encontrado relativamente pronto y llevado de emergencia a una Clínica. Después de ocho horas de cirugía y semanas de terapia intensiva, Pepe fue dado de alta, aún con fragmentos de bala en su cuerpo. Me encontré con Pepe seis meses después del accidente cuando le pregunte como estaba, me respondió: "Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo". Le pregunté que paso por su mente en el momento del asalto. Contesto: Lo primero que vino a mi mente fue que debí haber cerrado con llave la puerta de atrás. Cuando estaba tirado en el piso, recodé que tenía dos opciones: Podía elegir vivir o podía elegir morir. Elegí vivir". ¿No sentiste miedo? Le pregunté. Pepe continuo: "Los médicos fueron geniales. No dejaban de decirme que iba a estar bien. Pero Cuando me llevaron al quirófano y vi las expresiones en las caras de los médicos y enfermeras, realmente me asusté. Podía leer en sus ojos: Es hombre muerto. Supe entonces que debía tomar una decisión ¿Qué hiciste? Pregunté. "Bueno, uno de los médicos me pregunto si era alergico a algo; respirando profundo grite: Si carajo, a las balas, mientras reían, les dije: estoy escogiendo vivir!, opérenme como si estuviera vivo, no muerto".

Pepe vivió por la maestría de los médicos, pero sobre todo por su asombrosa actitud. Aprendió que cada día tenemos la elección de vivir plenamente, la ACTITUD, al final, lo es todo.

Y recuerda, sólo se frustran aquellos que dejan de ver la parte positiva
de sus resultados y de la vida...
 
Huellas en la Arena PDF Imprimir E-mail

 

 

 

 

 

 Muchas veces nos sentimos y que Dios nos ha abandonado, a continuacion un breve relato que nos enseña del amor de Dios y de su infinita bondad.

 

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